Chapuzón bajo el risco de Famara

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    Difícil resistirse frente a esta playa tan portentosa. La playa bajo el acantilado de Famara, con vistas a La Graciosa y Montaña Clara, sería una de las más transitadas de Lanzarote si no fuera por su sacrificada accesibilidad. Difícil resistirse a asaltar el Atlántico cuando acabas de finalizar la primera etapa del sendero.

    Más difícil todavía resulta anular esa opción de baño con un día tan espectacular. Este lunes 6 de mayo de 2013, la isla amanece sin viento, con un cielo despejado por completo, sol brillante y calufo. Alrededor de los 30º. El caso es que no tenía previsto el chapuzón, pero se dieron estas circunstancias que, unido a encontrarme la playa solitaria, hicieron obligatorio el quite de ropa y la inmersión en las cristalinas aguas.

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    El mar está como un plato y da rollo romper tanta quietud. Así que me sumerjo lentamente saboreando el baño y recreándome en la postal que se enfrenta a mí: esta sensación sublime de refrescar el cuerpo mientras contemplo Caleta del Sebo, Montaña Amarilla y la atractiva figura de la isla de Montaña Clara.

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    Pero hay más. Doy unas brazadas y al rato hago el Cristo modificando el prisma. Ahora miro hacia Lanzarote e inquieta esta perspectiva del risco de Famara, señorial pero fantasmagórico. Con el salitre embadurnando el cuerpo, camino en dirección a la calita de callaos cercana a la playa y me concentro en la lanchita y el pescador con Montaña Amarilla en el horizonte. Si no fuera porque tengo que recordar sensaciones del ascenso al Camino de Los Gracioseros, me pedía un water taxi que me alcanzara a La Graciosa para almorzar pescadito fresco en Casa Chano. La playa bajo el Risco, ¡qué perfección!

    Nota: Las fotografías dignas de su nombre (todas excepto en la que aparezco) son de Ramón Pérez Niz.

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