¡Pato!

    No estábamos muy seguros, pero al final viajamos a Órzola. Impresiona la idea equivocada que teníamos. La inseguridad por la edad de Nicolás: demasiado pequeño para disfrutar de la experiencia en Las Pardelas.

    Conejos, tortugas, gallinas, cabras, caballos…Una gozada verle esa carita de felicidad contactando con los animalitos, ofreciéndoles comida o dirigiendo las operaciones (dando órdenes a los padres). Familiarizándose con los aullidos, ladridos o los rugidos del león vía youtube, su cara de alucinado con el cacareo de la gallina en directo no tenía precio.

    Sin embargo, la admiración por Pocoyó, y sobre todo por el pato feo ese amarillo que acompaña al muñeco, iba a tener recompensa cuando tropezara con la legión de patos. ¿Para qué fue aquello? Comparado con el pato amarillo, estos eran auténticos patos. “¡Pato!”, repitió unas treinta veces por minuto.

    Ahí se acabó la visita. “¿Vamos a ver el cochino?” “¡Pato!·”; “¿al caballo blanco? ¡Pato! ¡Pato, pato, pato!

    Los niños dan de comer a los animales en Las Pardelas Park Lanzarote (Órzola)

    Entrada publicada el 20 de Diciembre de 2013