Quietos, parados

    Sólo dos personas en la orilla de la playa. El amanecer en las calas de Papagayo, este 23 de enero de 2013 sobre las 9:20 am, es portentoso. Es su jable dorado, es la quietud del mar (casi siempre como una balsa de aceite), es este ambiente naturista tan de spaguetti western y es el marco paisajístico impresionante con las vistas a Isla de Lobos y Fuerteventura. Pero también es, a estas horas mañaneras, un reducto de tranquilidad inigualable.

    Amanecer en las playas de Papagayo, Lanzarote

    Desde lo lejos se ve tan en calma a esta pareja, que tengo que acercarme. Parecían estatuas. Quietas, paradas. A estas horas, todavía no pica el sol, ni siquiera se han despojado de las camisas. Me aproximo y siguen sin moverse un milímetro. Ya a su espalda compruebo que ni hablan. No articulan palabra. Están anestesiados. Una relajante inyección les ha dejado ko. Me voy a la cala contigua. Miro para atrás de vez en cuando. Ahí siguen. Paralizados. Quietos, parados.

    Entrada publicada el 1 de diciembre de 2013