De turismo en Playa Blanca

    Playa Blanca

    Hoy viajamos al sur. A Playa Blanca. Al mediodía la playita del pueblo lucía así de sugerente. A pesar de la marea llena se podía estar perfectamente. Y el mar, judea con lo apetitoso que estaba, porque la cala asocada y el calor obligaban a un baño tras otro.

    La playa está en calma, salvo durante el atraque de Fred Olsen que a casi 500 metros genera unas olas que rompen la quietud y sobresaltan a los bañistas y a sus toallas. Hay un pequeño pantalán a un centenar de brazadas de la orilla que anima a nadar en las sensuales aguas turquesas y profundísimas. La perspectiva en un día tan despejado puede dejarte petrificado como un lagarto: las dunas de Corralejo (Fuerteventura) parecen un oasis con esa paradisiaca alfombra blanquecina característica de este paraje natural.

    La avenida es un hervidero pero me aclaran que “eso no es nada, tienes que venir al atardecer, parece la noche de los fuegos artificiales de San Ginés”. Tras los baños buscamos pinchos y tapas. A cinco minutillos de agradable paseo desde la playa nos adentramos en La Katedral. Gran elección en primera línea de mar.

    Vistas desde La Katedral

    Convence la cocina y la agilidad del servicio. Compartimos unas croquetas delicadas, ultra suaves, de pescado e ibérico soberbio, boquerones y calamares fritos, y unos huevos rotos excelentes con las papas hervidas en lugar de fritas y de nuevo el ibérico reinando. Un atún rojo fresco y un entrecot de ternera gallega remataron el almuerzo.

    Boquerones de La Katedral

    Entrada publicada el 9 de Agosto de 2014