Mil razones

    Fotografía de la cúspide del Volcán del Cuervo, Parque Natural de Los Volcanes, Lanzarote

    Está el cráter por supuesto y su cúspide resquebrajada, con un juego de tonalidades ocres, rojizas y negras que inundan la retina. Los manchones verdes de las vinagreras, por muy invasoras que sean, redondean la estética del lugar. Está el silencio, escalofriante, sólo roto por el silbido del alisio. Está la panorámica, sencillamente sublime, de la cadena de montañas rojas que esbozan Timanfaya. Está el valle de picón (rofe) y las montoneras de malpaís que componen las gerias. Y entre ellas, las parras y las bodegas desperdigadas que invitan a una cercana degustación de malvasía.

    Sin embargo, la razón de razones la protagoniza ese aire lunar (más bien de Marte) que se concita alrededor del Volcán del Cuervo. Desde lo alto, en su cúspide, ves a los otros senderistas como astronautas sin escafandra, dejando sus huellas en las cenizas que anteriormente conformaron malpaís volcánico. Como si fuera la búsqueda del Grial, dirigen sus pasos a cámara lenta en pos de la boca de entrada del Cuervo. Un tímido buenos días se cruza entre los caminantes, un inaudible susurro. Toman cuidado, no vaya a romperse la magia que hechiza.

    El ambiente lunar del Volcán del Cuervo, Parque Natural de Los Volcanes, Lanzarote

    Entrada publicada el 21 de Marzo de 2014