Sinfonía volcánica

    Interminable campo de lava

    Un silencio sepulcral se posa sobre el interminable manto de malpaís volcánico del Parque Nacional de Timanfaya, roto únicamente por el intermitente silbido del alisio que aturde los tímpanos y abate a las higueras y las parras. El azul claro del cielo y las tonalidades negras y rojizas de las montañas del fuego en el horizonte redondean una estampa embriagante, única en el mundo.

    La espalda de Timanfaya, las parras y un caserón solitario

    Las puntiagudas formas del malpaís convergen con las bolsas de cenizas, lava pulida por el viento, la humedad y el sol que se transformó en picón (rofe). Ni las aulagas, esa planta desordenada y seca que recuerda al pelo de Tina Turner, descomponen la imponente figura de este paisaje.

    Detalle del caserón inmerso entre las coladas volcánicas

    Es un primor desayunarte esta postal escandalosa. Un chute de adrenalina para el turista más remolón al que todavía se le resiste alguna legaña.

    El mirador, por llamarlo de alguna forma, se localiza en una escapatoria de picón de la carretera de La Geria en dirección a Yaiza, a unos 300 metros del portón de bienvenida a este municipio. Justamente aquí.

    Entrada publicada el 9 de Noviembre de 2014