Una marina decorativa

    La marina de Arrecife, fotografía de Ramón Pérez Niz

    La marina de Arrecife es una estampa colosal. El añadido del conjunto histórico del Puente de Las Bolas y el Castillo de San Gabriel le confiere un plus, que hace este paseo excepcional. En este sentido el hormigueo de turistas en pos de San Gabriel se entiende. La próxima apertura del Museo de Historia en su interior afianzará el lugar de interés turístico en su vertiente cultural. Bien está.

    No obstante, desde el mismo castillo se observa la desidia arrecifeña. Al norte y al sur dos islotes abandonados, el Francés y Fermina respectivamente. En medio, barquitas que, aunque no lo son, parecen decorativas. Reveladora la faceta ficticia de esta ciudad que tan poco se quiere.

    Salto desde Las Bolas

    Sólo los adolescentes en verano pasan de la literatura a los hechos, tomando el puente como parque de atracciones. La marina, aquí sí, se torna en verdad, dejando la decoración en el olvido. Llegados a este punto uno se pregunta cómo el vidrioso Támesis proyecta excursiones diarias en Londres y de esta maravilla no salga ni una lanchita.

    Los cientos de turistas diarios que pisotean el adoquín de San Gabriel, ¿se montarían en la barquita? ¿Harían el tour por el frente marítimo? ¿Cómo impactaría la posibilidad en la vivencia turística de Arrecife? Y, si además de la barquita en plan contemplativo se le sumase la posibilidad de acción: quizá una piragua, tal vez un stand up paddle…¿Cabría la opción de un pequeño centro de perfil parecido en el morro posterior a San Gabriel? ¿Cuántas sinergias se producirían automáticamente al emprender una cosa así?

    Una cosa seria, con promoción a tope, implicando al arrecifeño en no darle la espalda al mar.

    Nota: La primera fotografía de este post es de Ramón Pérez Niz.

    Entrada publicada el 18 de Septiembre de 2014