Alojados en Nautilus

    Martes 2 de septiembre

    13:55 pm

    Saludos desde Nautilus Lanzarote, donde nos hospedaremos estos días como unos turistas más. El complejo se asienta en Lanzarote (Matagorda, Puerto del Carmen), sin embargo a los cinco minutos comprobamos que tenemos todas las ventajas de encontrarnos en la isla de los volcanes (la meteorología, el color del cielo), pero al mismo tiempo nos sentimos en Alemania.

    Parsimonia en Nautilus

    El apartamento cuenta con cuatro recipientes para los residuos, el complejo se nutre prácticamente al 100% de energías limpias, la accesibilidad para las personas con movilidad reducida es un ejemplo…Con todo, esta arrancadilla se asemeja a formar parte de una maquinaria perfectamente engrasada. El hecho se transfiere a esta impresionante quietud posada en sus espacios comunes.

    El tiburoncillo, fiero animal que vive de fuertes emociones, varó en la escalinata de acceso de la piscina de tanto relax.

    Quietud

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    17:47 pm

    El entorno de Nautilus

    A la salida del complejo identificamos el agradable acceso a la avenida y playa de Matagorda. Unos jardines en los que reinan las palmeras y unas obras culturales que los artistas invitados por Nautilus regalan al alojamiento. El oído interno de un autor ruso se ha transformado, a los ojos de un Nico de tres años, en una caracola.

    Paseo a Matagorda

    El paseo de 150 metros a la playa es como una transición. Del remanso de paz que resulta la estancia en Nautilus pasamos a la vidilla incesante del bulevar de Matagorda y su playa:

    1) Tropezamos con bañistas adueñándose del océano Atlántico mientras otros se dan al jogging.

    Bulevar y playa de Matagorda

    2) Bicis y ciclistas en plan verano azul.

    Bicis

    3) Y el espectáculo fantástico de los aterrizajes en Guacimeta. El aeropuerto de Lanzarote se localiza a unos 10 minutos de paseo al norte de Nautilus. En la imagen los caminantes interrumpen su itinerario para asistir al descenso en cámara lenta del avión.

    Avión y paseantes

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    21:54 pm

    De retiro

    Vaya, vaya. La desconcertante tranquilidad sobre Nautilus cuando alumbraba el sol se ha incrementado en el momento en que empieza a esconderse. Entra la duda si estamos en un complejo turístico…o en un monasterio. Unas pocas terrazas aprovechan la noche espléndida, pero no se les escucha una palabra más alta que otra. No hablan…musitan.

    Las fieras que trajimos duermen dulcemente y nosotros aprovechamos ocupando nuestra localidad. Nos adaptamos: no hablamos como de costumbre…musitamos.

    Cae el sol

    Periódicamente se escucha a lo lejos el rugido de los motores de un avión próximo a despegar. Lejos de inquietarnos, se agradece. Nos recuerda que no estamos en clausura, aunque se acerca mucho. Antes de dormirse saqué al Nico a la terraza y le dije: “Fíjate, ¿ves que se puede gritar bajito? Ponte a musitar, niño”.

    La piscina frente a nuestro portal está iluminada, una ligera brisa levanta unas onditas…Está tan, tan, tan, que la cosa terminó como correspondía.

    Chapuzón nocturno

    Tengan buenas noches. Mañana seguimos.

    Miércoles 2 de septiembre

    11:43 am

    Descanso reparador, desayuno y paseo por la avenida de Los Pocillos

    Siguiendo la tónica del día anterior, el descanso en Nautilus ha sido pleno. Al correr las cortinas comprobamos que de nuevo el viento ha tomado vacaciones y el cielo es limpio y azul. Desayunamos y enseguida nos ponemos en marcha para disfrutar del entorno sur del complejo. Si ayer viajamos al norte, caminito de Guacimeta y Playa Honda, hoy toca Pocillos.

    Paseando por Pocillos

    Lo extraño en esta kilométrica avenida de Los Pocillos son los coches. El protagonismo se lo lleva el peatón y el ciclista que consume la orilla atlántica. La estampa contagia porque sin querer caminar, al final te transformas en uno más.

    Aunque el joggin no es obligatorio. Vean a esta pareja poniéndose al día en el banco mientras otros pedalean.

    Prensa y ejercicio

    Si el bulevar es un hervidero, la orilla de Los Pocillos parece una sucesión de hormigas que dejan saludablemente su rastro en la húmeda arena.

    Los Pocillos

    A estas horas (10:30 am fue el paseo) el sol no aprieta tanto, por lo que la travesía resulta placentera al tiempo que digerimos el desayuno.

    La playa está preparada para un día que se presenta magnífico.

    Hamacas vacías...por ahora

    Nosotros volvemos a nuestro retiro espiritual.

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    20:28 pm

    Aunque estás de turismo…

    La estancia en situación real te lleva a conocer al turista y sus motivaciones. Para ir por el camino recto vamos a singularizar motivaciones. Motivación. Venga va, es esta: sol. Dos día aquí en Nautilus y comprobamos que su confortabilidad y accesibilidad del área de piscinas es lo que buscan. Vemos turistas que permanecen durante cinco horas en la misma postura. Aclaro, no los observamos en todo ese tiempo, pero cada vez que asomamos el hocico por la terraza…”Sara, aquél señor sigue en la misma posición…igual está dormido”.

    Deben entender que las sombrillas son otras obras de arte de Nautilus, porque no las despliegan. Y a las 13:30, cuando nosotros nos encerramos buscando un fisco de sombra, ellos siguen ahí, comiéndose todo el sol. Enterito. El caso es que a las 17:00 salimos al exterior y volvemos a ver a aquél señor y, agárrense, está en la misma postura. “Sara, dime que no es verdad”.

    No corre ni una mísera brisa y el sol pega de plano. Quedarse en la piscina teniendo marea llena y la playa de Matagorda a tres minutos resulta pecaminoso, pero comprobamos que sólo nosotros giramos al litoral. “Que Dios les guarde”.

    Refresco

    Definitivamente esto es otra cosa. Me dan ganas de volver al complejo, coger un micro y gritar a los cuatro vientos, “señores, no sean suicidas, tiren para la playa, que eso es salud”. Descarto la cantamañanada y procuro tomar conciencia, otra vez, que una cosa es escribir para una revista de turismo y otra muy distinta conocerles. Descuiden, somos cabezudos, pero tomamos nota.

    La brisa en Matagorda sí que se hace presente. Ligerísima, pero suficiente para salvar el calor. Lo que hay que salvar ahora, o escapar más bien, es del Nico y sus habilidades de capataz. He perdido la cuenta de las piscinas que habré cavado este verano, pero ahora viendo la foto que tomó la madre, pienso que es de Justicia que el colegio abra sus puertas y me quiten al Nico de encima.

    Matagorda

    Ha sido un verano de cinco-seis horas diarias al sol y estoy más negro que una pizarra. He estado más en remojo este verano que los quince anteriores. La verdad es que tengo un cansancio acumulado del sol tan deseado por quienes nos visitan, que ahora entiendo que aunque queramos transformarnos en ellos (turistas) por lo menos en mi caso es imposible.

    Leda, directora de Nautilus, tuvo entre otras cortesías dejarnos una botella de Bermejo que ahora, cuando ya cayó el sol y se hizo la luna, acaba de ser descorchada. Ahora sí, de vuelta a Nautilus (y las fieras amansadas) nosotros en la terraza exterior para que nos dé el mayor fresco posible. ¿Dónde está el señor que llevaba cinco horas seguidas al sol anteriormente? Jaja, impresionante. Ahora se metió dentro del apartamento. Estará musitando. Aunque esté de turismo…no soy un turista en Lanzarote. Imposible.

    Jueves 3 de septiembre

    Experiencia recomendable

    El hospedaje en Nautilus nos ha permitido adentrarnos en otra dimensión: el universo de las personas con movilidad reducida. Resulta interesante comprobar que la filosofía de la dirección de este complejo haga tan gratas las vacaciones de aquellos que no se mueven como nosotros.

    Acceso piscina adaptado para todos

    En Nautilus deberían estar encerrados unas cuantas noches políticos, arquitectos y urbanistas. Encerrarlos y sentarlos en las sillas de ruedas. Es la única manera de concienciarse que con un poco de cabeza podemos hacer la vida más fácil…a todos.

    Cuarto de baño accesible

    Reza una columna de El País firmada por Fernando Gallardo que más allá de las intervenciones, “en Nautilus llevan en volandas al huésped”. Damos fe de ello. La señora que sirve el desayuno reparó que nuestro carrito podía entorpecer el tráfico. Hay que ver, aplaudir más bien, con qué empatía nos lo hizo ver.

    Rampas y apoyos

    El complejo está en una onda diferente, que es la que explica su éxito. Agradezco a Leda Gionardo la invitación, que me ha abierto los ojos a un nuevo mundo.

    Entrada publicada el 1 de Septiembre de 2015