Échese encima del camello

    Paseo en camello

    El guía de los camelleros controla el tráfico de guaguas, calculando tu encaje en la próxima tanda que provendrá de un servicio discrecional, anaranjado y con logotipo de last travel. Tiene ese control, esa seguridad más bien, en saberte decir las cosas: por el camino recto, “espere usted aquí”. O lo que es lo mismo, traducido, ¿ve usted esos siete camellos unidos por cordajes? Se mueven al unísono y no pretenderá que levante la fila con usted y su ayudante.

    ¡Vaya por Dios, yo no pretendo nada!, me digo. Los de la guagua naranja salen escopeteados del vehículo. Componen una figura mejorada de Magical Mistery Tour, pero sin ácido lisérgico en la maleta (al menos que yo sepa). No llego a entender el porqué, sin embargo, lo cierto es que todos salen de esa guagua con una risilla nerviosa, catártica y ruidosa. Esa risita, acompañada del rostro rosáceo de gamba, refleja lo bien que se lo están pasando.

    ¿Quién dijo aquello de “los últimos serán los primeros”? Vaya, vaya, aquí sí hay playa. El guía, con buen olfato y oído, pensó que la risita estruendosa merecía los seis primeros camellos y a mí, lugareño, y al ayudante nos dejó el último de la fila. Ay, si yo fuera un totufo y me hubiese indignado por la supuesta tropelía, ups, ups, de endosarme el último de la fila cuando llegué primero. Lógica del negocio.

    Si las risitas en comandita me martilleaban, ¿qué fue aquello cuando el camello se levantó? Esta peña tiene que ensayar esa carcajada. ¡Qué guapo estar de turismo en medio de miles de hectáreas de malpaís, volcanes y cenizas volcánicas!

    El andar del camello es sensualmente parsimonioso y mueve las caderas con ese ritmito de al golpito que nos balancea como si estuviéramos bailando la lambada en modo pause. Ellos, recuerden, los de la guagua naranja, siguen tronchados, algo así como incrédulos de viajar encima de la joroba del camellito.

    En la ruta

    “Griten bajito”, dan ganas de decir, pero llega a entenderse. ¿Quién te dijo que al visitar Lanzarote ibas a estar en Marte y bailando la lambada montado encima de un camello? Al bajar del animal siguen en trance descojonante cuando vuelven a subir a la guagua naranja, al tiempo que llega otra y el guía mantiene el rictus serio.

    Sí que se entiende la risita nerviosa. A punto de soplar las 39 primaveras nunca me había montado viviendo aquí. Siempre me pareció como…un negocio. Llegar a los treinta y tantos y entender lo que es un negocio. El ayudante me animó. Hay que probarlo.

    En el camello con el ayudante (el ayudante es el del gorro,, por si acaso)

    Entrada publicada el 4 de Febrero de 2015