La magia del monumento

    Reina y gobierna. Su imperio es una riada infinita de malpaís volcánico teñido de verde. El delgado líquen, florecilla que se posa en la lava, explica y alegra el paisaje abrupto. En las cenizas volcánicas aparecen hundidas las cepas de la vid lanzaroteña, enraizadas para siempre con el picón (rofe). Los viejos del lugar miman las parras, quitando las hojas secas para luego amontonarlas y quemarlas.

    El Volcán de la Corona, Ye, Lanzarote

    Un fuego purificador impregna el sitio, un paraje natural sobrecogedor, donde las pocas casitas (y alguna casona) que se adivinan en Ye le confieren un aire misterioso, pero cautivador. En la carretera que asciende al cielo de Corona encontrará unos pequeños huecos donde estacionar.

    Cruce la vía, tome asiento y detenga el tiempo. Es la magia del monumento.

    Entrada publicada el 23 de octubre de 2015