Tres instantes en La Garita

    El windguru no falla y cuando refleja ese azulito lleno de buen día (y poco wind) viajamos al norte. El visitante debe asumir que el alisio en Lanzarote condiciona su experiencia. Si sopla es mejor dejar para otra jornada la ruta norteña y buscar el cono sureste de la isla, donde la influencia del viento se reduce a la mínima expresión.

    Hoy el viento desapareció y así la estancia en las calas del noreste sabe a gloria. Al contrario que en las playas sureñas en este agosto el calor no es pegajoso, ya que una brisa ligerísima conforma un agradable aire acondicionado natural. Con estos ingredientes al alcanzar La Garita, Arrieta, nos encontramos este festín.

    1) La llegada. Panorámica apoteósica. La playa es un centro deportivo: fútbol y voley (la cancha de esta última ocupa un rincón de la cala), caminantes y bañistas.

    Playa La Garita, Arrieta, Lanzarote

    2) Las huellas. Pisadas de pies en el jable. Hay huellas de todos los tamaños, lo que refleja el disfrute intergeneracional de La Garita.

    Caminantes

    Existe una doble modalidad de caminata: en la arena seca y en la orilla. Obviamente la opción orilla resulta más atractiva por el refresco periódico de los pies con el rompiente de las olas. Puede caminar con calzado, pero corre el riesgo de hacer el ridículo: haga el favor y quítese las sandalias.

    3) El baño. Aunque el mar esté así de apetitoso tenga paciencia y recorra previamente la playa de punta a punta. No hace falta que vaya a 1.000 por hora, La Garita no es la Gran Vía. Coja el rebufo de un nativo y acople el ritmito de su andar. ¿Ve qué a gustito?

    Al agua

    La brisa impedirá la rotura del sudor, pero usted está sintiendo que las gotas están a puntito de explotar. Justo en ese momento, pero sin prisa, camine al mar, mójese los hombros, tome el aliento marino…y ahora sí sumérjase.

    ¿Quieres probar? Sigue la ruta.

    Entrada publicada el 19 de Agosto de 2015