Y al séptimo día…

    …en el séptimo día Dios tuvo que crear algo así. Este algo es una charca gigantesca, pero de baja profundidad y aguas cristalinas, una pieza de jable blanquecino sitiada por malpaís volcánico, el acantilado de Famara y con magnífica panorámica hacia Alegranza, Roque del Este y parte de La Graciosa.

    Al séptimo día...

    Si al marco le añade un cuadro benigno meteorológicamente hablando, digamos 26º de temperatura y una insignificante brisa, el resultado no puede ser más portentoso. Hoy a las 13:30 el personal estaba en babia, en la orilla mirando al infinito, en gesto aparente de agradecimiento por el día sencillamente perfecto.

    Deporte en la orilla

    Hay unos pocos que consiguen salir del ensimismamiento permanente y juegan con su hija al disco volador. En el horizonte, charca adentro, aprecio a dos sujetos “nadando” con extremada lentitud. Nadar lo que se dice nadar no es, sin embargo hay una semejanza a nadar al perrito, pero en este caso a cámara lenta, extremadamente lenta, regocijándose en el hedonismo puro y duro.

    Nadando en la profundidad de la charca

    Al séptimo día…El Caletón.

    Entrada publicada el 4 de mayo de 2015