La costumbre

    Dentro del bar juega el Madrid vs América, mundialito de fútbol o algo así. Mariano ya hizo la tortilla, el guiso del día y sancochó los pulpos, y ahora se dispone a preparar las papas que lucen preciosas mientras dos señores le dan la mañana en una adaptación de la obra teatral del gato y el ratón.

    Uno de ellos permanece de pie y estático bajo la tele sin nada que echarse a la boca porque está tenso. El otro, sereno, ya ha pedido el segundo vino. Tuvo que marcar Benzema para que la disparidad de actitudes cobrase sentido: el tenso era del Madrid y el sereno…pues del Barca. Con el gol el tenso se soltó y empezó a meterse con el sereno. Se notaba que el sereno fue al bar y esperaba agazapado para ver si marcaba el América y poder restregarle el gol al tenso…y a Mariano. En fin, el fútbol, como la vida misma.

    Fuera del bar está la piscina, más bien en plural, las piscinas. Me encanta la postal y esa nueva situación paradójica plasmada a un paso del Atlántico: los locales miran tierra adentro y la visitante se detiene ante el mar.

    La costumbre

    Tamaña desconsideración frente a esto

    Piscinas de Punta Mujeres

    …sólo puede explicarse por la costumbre.

    Después de ver el mar, la foránea entró al bar preguntando por la lotería de la Navidad y si el número que vendían era autóctono. Mariano ofreció las explicaciones pertinentes, pero ante una repregunta de la señora (¿dónde podía conseguir un número autóctono?) abrió el debate. ¿Para qué fue aquello? ¿Hay local de Lotería en Haría?

    Quienes veían el fútbol aparcaron la tv y se entregaron al noble arte del consejo, parecía un anuncio de la Consejería de Turismo clamando por la buena atención al visitante, para terminar nuevamente discutiendo: “vaya a Haría”, dijo el sereno, “mejor en Arrieta”, propuso el tenso, “lo más lógico es ir a Arrecife”, llegó Mariano a terminar esta última frase para recibir reprimendas variadas de sus clientes.

    Cuando ella se marchó, no tengo claro si tenía las ideas muy claras, Mariano invitó a sus queridos acompañantes a entrar en Guinate, a ver si reabría el parque. Una indirecta muy directa, a la cara eso sí, les estaba llamando loros. Al decirlo, dio media vuelta y entró a la cocina mientras resonaban las alegaciones: “¿Loro? Loro tú, Mariano”, “Vete tú a Guinate, Mariano”…

    Otro fenómeno que sólo puede explicarse por la costumbre.

    Entrada publicada el 15 de diciembre de 2016