La interminable charca del Caletón

    Una estrechísima vía serpentea el Monumento Natural del Volcán de la Corona. Ciertamente, la travesía hipnotiza ya que la carretera está sitiada entre los mantos de malpaís volcánico y el oleaje temeroso del noreste de Lanzarote. El no va más coincide cuando el valle negro y verde (resalta la colonia de tabaibas en este espacio) empieza a convivir con una inmensa bolsa de jable blanquecino. Está usted a las puertas del Caletón Blanco.

    ¿Qué es lo que más nos gusta de esta cala?

    1) Prohibido prohibir. Entiéndase como licencia porque de hecho existen normas de uso de este paraje natural protegido. Sin embargo, la sensación al danzar por esta playita es que uno puede hacer y deshacer a su antojo, que todo fluye con una envolvente naturalidad…es como vivir en una comuna hippy, pero sin tonterías.

    El Caletón Blanco, Órzola, 2 de enero de 2016

    2) La mejor playa para niños. El día 1 en Famara había que tener mucho cuidado con el chinijo. En Papagayo o cualquier playa de Puerto del Carmen habrá que vigilar por la profundidad de las aguas.

    En el Caletón puede estar totalmente tranquilo. El pequeño tendría que hacer kilómetros para alcanzar que le cubra el mar. En este sentido recuerda al Reducto, pero aquí no hay edificios y sí naturaleza en estado puro.

    En la orilla del Caletón Blanco, playas de Lanzarote

    3) La quietud de las aguas. Extraña observar una ola gigante a apenas 300 metros y el estruendoso rompiente sobre el malpaís, con la quietud máxima que vivimos en la orilla y la charca. Todo es calma chicha, lentitud y tranquilidad en grado extremo, un vísteme despacito, despacito, que no tengo ninguna prisa.

    Charca adentro

    Entrada publicada el 3 de enero de 2016