Un descenso vertiginoso

    1) A sus puestos. Concentración.

    2) En la centrifugadora. Primeros grititos. Doy vuelta sobre mí y pierdo la orientación.

    3) A toda pastilla. La sensación en el tobogán es que voy a velocidad supersónica ascendiendo a la Luna.

    El selfie con la boca torcida en plan John Rambo da cuenta de ello.

    4) La piscina. Con la inercia que llevas, ya en el tramo final, recobras la dirección para entrar de manera abrupta en la piscina, como si te hubieran lanzado al aire por las solapas.

    El descenso vertiginoso sin flotador gigante dura 11 segundos.

    Esta es una de las mil y una aventuras del corral del agua, una opción con niños para incluir en la agenda veraniega.

    Entrada publicada el 20 de junio de 2016