Hospedado en el miramar

    Al entrar en la habitación.

    Esto es lo que te espera a tu llegada al Hotel Miramar.

    Dejé el bolso en la 303 y salí a patear la ciudad.

    La Plazuela, la León y Castillo, y el Charco de San Ginés fueron parte del recorrido, pero a la hora de sentarme y tomar una cerveza, lo cierto es que me vino a la cabeza la terraza de la sexta planta del Miramar.

    Sexta planta del Hotel Miramar, Arrecife de Lanzarote. 

Vistas al conjunto histórico de la capital de Lanzarote, el Puente de las Bolas y el Castillo de San Gabriel.
    Vistas desde la sexta planta del Hotel Miramar.

    De vuelta al hotel y con el primer sorbo compruebo que la marea está llenando y que estos 24 grados invernales los voy a combatir lanzándome desde el Puente de las Bolas.

    ANTES DEL BAÑO

    Antes de saltar al Atlántico desde el Puente de las Bolas toca reponer fuerzas. Del hotel a los mejores restaurantes de Arrecife hay un solo paso. Literal, justo en la trasera del alojamiento se encuentra la calle adoquinada que te conduce a la iglesia San Ginés, atestada de rincones gastro.

    Strava es nuestro preferido en la zona.

    Strava

    Además de su emplazamiento Strava destaca por su rica y variada carta de tapas, una completa carta de vinos y vermuts.

    Sin embargo, hoy con 24º a la sombra apetecía más una buena cerveza que combinamos con la burguer de cochino negro y unas papas naturales estupendas.

    Todavía con la burguer en el buche, acalorado perdido y coincidiendo con la pleamar (hoy, 15:15 pm), nos encamaramos al Puente y…

    Antes de la siesta…

    Los saltos al mar concluyeron un cuarto de hora después, el tiempo exacto para secarnos al sol como lagartijas.

    Ahora sí…siesta.

    Al despertar, como si fuera un sonámbulo, me dirijo a la terraza inquieto…¿será demasiado tarde?

    Atardecer.

    Alivio cuando compruebo que todavía quedan unos minutos para que caiga al sol tras Los Ajaches.

    Cruzo debajo del Puente en dirección al cañón (Museo de Historia de Arrecife) y al bulevar de los jóvenes que enamoran. El cañón apunta al atardecer de un día que termina y con él la calima parece amainar.

    Atardecer desde el Castillo de San Gabriel, a un minuto del hotel.

    El Ramírez Cerdá a esta hora tiene vidilla alrededor del parque infantil y en el otro extremo, en la terracita de la UNED, donde me sumo a la desconexión de algunos que tertulian con vistas a la marina arrecifeña.

    Parador Café.

    Venía a por un té y me tropiezo de frente con la Punk IPA, una maravillosa cerveza que me descubrió Jose Azaola en la extinta Cebolla Salvaje.

    Será cuestión de bebérsela.

    Punk IPA.

    Vinieron Nacho y Usoa y procedimos a combatir la noche de calima con una buena ración de cañas. Nos dieron las 22:00, y entró apetito. Ellos marcharon a Buffalo Chips Lanzarote, y yo les copié la idea pero procedí a un take away al mismo buffalo para disfrutar de la burguer en la terraza de mi habitación del Miramar.

    Duermevela con la puerta de la terraza entreabierta atento a que despuntara el alba.
    Lo de ver el puente y el castillo desde la cama acurrucado tiene un adjetivo, sublime. Me asomo y ahí está la juventud sudando desde buena mañana.

    Muchachos sudorosos atravesando el Puente de las Bolas.

    Estado sublime que se mantiene cuando asciendo al ático en busca de un buen desayuno.
    Además de los nutrientes, melón, queso, un sandwichito, y un café bien cargado, me desayuno una bajamar alucinante.

    Desayuno con diamantes, podría titularse el momento.

    ¿Y QUÉ FUE LO MEJOR?

    Pues miren que el hotel tiene variedad de activos, su ubicación estratégica, en pleno centro de la capital, reseñable también la cercanía a dos grandes bolsas de aparcamiento de la ciudad, sus vistas al entramado histórico y su ático que invita a tocar las puertas del cielo…y sin embargo nos atrapó la empatía del personal del hotel.

    • Probamos a sonreír, porque así se nos invitó y recibimos una sonrisa doble, un trato amable, cercano y a la vez de una profesionalidad excelente.
    • Pulcritud. La limpieza impecable de todo el edificio, mención especial a las habitaciones de aire retro que están impecables.
    • En el meollo. A un minuto del Castillo de San Gabriel, a un minuto de la Iglesia San Ginés, a un minuto de La Plazuela, a un minuto de la Calle Real, a 10 segundos de la inmensa avenida marítima peanotal (bici, patín, running) de 14 kms que te puede llevar a Playa Honda y Puerto del Carmen, a un minuto y medio del Charco de San Ginés…en fin, en el meollo de lo mejor de la ciudad de Arrecife.

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