Cuando aprendimos a nadar en Pila de la Barrilla

Orilla de Pila de la Barrilla (Playa Chica). Fotografía: Josechu Pérez Niz.

    Entre los recuerdos de la Super 8 proyectados en el foscurí, siempre el mar de Pila de la Barrilla (Playa Chica, Puerto del Carmen). Las aguas de la calita, normalmente en calma, aparecían agitadas por el aleteo acelerado, sin tino, de aquellos niños que aprendían a base de ensayo y error. Es decir, tragando agua.

    Playa Chica, Puerto del Carmen
    Playa Pila de la Barrilla, Puerto del Carmen. Fotografía: Josechu Pérez Niz.

    Yo, el más chinijo, portaba una boya encarnada sujeta a mi espalda gracias al amarre de la cintura. La boya servía de flotador y, asegurado, ascendía una y otra vez a los pedruscos para lanzarme a las aguas turquesas y aletear sin freno los brazos y las piernas.

    Un buen día tu padre, cerciorado de que ya podrías aletear sin ayuda, es decir, que ya no tragarías tanta agua, te quitaba la boya y como si fueras un pececillo desplegabas toda una serie mañas adquiridas por puro reflejo, acción-reacción.

    Oficialmente entrabas al olimpo de los nadadores autónomos. Así aprendí a nadar en Lanzarote a principios de los 80 del pasado siglo y el rastro de aquellas vivencias pervive en la memoria como si hubiera acontecido ayer mismo.